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El Viaje de Esteban Pombo al Amazonas (Jul/07)

Esteban con sus guias Ticuna Jairo y Rafael

Esteban con sus guias Ticuna Jairo y Rafael

Gustavo sopla rape en el mambeadero de su maloca

Gustavo sopla rapé en el mambeadero de su maloca

Luis Enrique Moran

Enrique

Los guias Ticuna

Los guías Ticuna

El campamento Ticuna

El campamento Ticuna

Con un buen toldillo se puede comer con las dos manos

Con un buen toldillo se puede comer con las dos manos

La cocina del campamento

La cocina del campamento

La cena esta lista

La cena está lista

Victor Pacaya

Victor Pacaya

Como un programa variado de introducción a muchos aspectos de la Amazonía, fue magnífico. Desde el viaje a Tabatinga a sellar el pasaporte, la visita a la Maloca de Gustavo, el viaje y la estadía en Heliconia (sin dejar de lado la aventura del canopo), el campamento y la oportunidad de conocer algo a los Tikuna, el viaje en barco con los Samper y el inigualable Elaís Cuao, todo fue una interesantísima experiencia.

Ya después de un tiempo, me habría gustado tener un poco más de preparación para el viaje, ya que he aprovechado los días de vacaciones para leer algunos libros que he conseguido en las librerías de Bogotá. Acaba de salir una edición de “El Río” de Wade Davis, que, con sus relatos de las expediciones etnobotánicas de Richard Evans Schultes en los 30s y 40s y de sus alumnos Tim Ploughman y Wade Davis en los 70s, me ayudó a poner en contexto algunas de las conversaciones con Gustavo y las observaciones de plantas.

Estuve también en el Jardín Botánico de Bogotá, donde hice algunas consultas, pero hubiera valido la pena tener una conversación con un (etno) botánico en Leticia, ya que a principios de los 80s estudié la Curcuma longa (el azafran de raíz), y, en colaboración con Juan C. Martínez y Luis Cuca de la Universidad Nacional en Bogotá, determinamos la estructura química de algunos componentes de la Virola elongata, que se utiliza como alucinógeno. En el libro “El Bejuco del Alma” Schultes describe la preparación de la resina de Virola. Es un libro con fotografías maravillosas, pero me irritó bastante la ignorancia del traductor en cuestión de química, cosa que es inaceptable dado que uno de los autores, Rob Raffauf, es químico. Habrá que comprar el original, tal vez con su otro libro “Where the Gods Reign”.

Con el viaje y las lecturas posteriores, se me despertó nuevamente el interés por la fitoquímica. Imagino que en la Universidad en Leticia o en el Parque Amacayacu hay científicos que están estudiando la región, y me gustaría mucho tener la oportunidad de conocerlos.

Me pareció magnífico que se demorara la salida a Heliconia para darme la oportunidad de ir a la Maloca de Gustavo. No sólo por la aventura de los puentes, que me sirvió para mejorar un poco el precario sentido del equilibrio, sino también por conocer a Gustavo, quien muy generosamente me contó su historia, algo de la cosmogonía de los Makuna – diciendo que tenían 4 dioses, el tabaco, la coca, el yagé y Yuruparí, y que los ancianos cuidaban que toda la naturaleza estuviera en equilibrio, además de darme a probar el rapé y el mambe, mostrarme todas las plantas de su chagra y algunas de la selva cercana – sus cultivos de la “uva”, el chontaduro, el copoazú, yuca, piña, granadilla, además de las plantas de coca que utilizaba para preparar su mambe.

Leí luego que el mambe se prepara con hojas secas de coca y cenizas, en alguna parte de yarumo. Me habría gustado ver cómo prepara el rapé de tabaco y el mambe, ver los ingredientes y conocer el proceso. El rapé tenía excelente aroma de los mejores tabacos, y no me pareció que tuviera otros ingredientes, pero Víctor me informó después que a veces le ponen pimienta y otras plantas. A pesar de la infestación de aradores, que me hizo sufrir un poco sobre todo al regresar a Bogotá, fue la mejor manera de empezar la experiencia del Amazonas.

Los guías Tikunas (Enrique, Jairo y Rafael) me dieron una gran cantidad de información acerca de sus costumbres, leyendas y utilización de los recursos de la selva y los ríos, y me gusto mucho tener la oportunidad de salir a caminar con ellos y ver las huellas de danta, oso hormiguero, venado, e incluso ver uno que otro mono. Oír por la noche el ruido del jaguar, y disfrutar de una salida nocturna en canoa, bajo un cielo espectacularmente claro, y lleno de estrellas que no se ven en la cercanía de las luces de las ciudades. Sus explicaciones y demostración de los usos de las plantas, los bejucos y las velas de copal, y el uso de las hojas de palma para tejer un morral, fueron muy interesantes. Enrique me llevó al museo del Banco de la República, y me explicó muchas cosas, entre otras la importancia del ritual de la Pelazón. Con curiosidad leí el texto de Yuruparí, donde dice que a las mujeres hay que quitarles el pelo después de la primera menstruación; si no, no se pueden casar hasta que lo tengan blanco.

En Heliconia, nuestro guía nativo Jimmy nos mostró muchas cosas y contó historias. Entre otras del árbol de capirona, que decía que la variedad que crece en las zonas inundables es la que dá una viruta muy inflamable. Buscando en las colecciones botánicas en Internet, no pude encontrar datos sobre variedades de capirona, y menos confirmar lo de la inflamabilidad de la viruta, aunque sí se menciona que es madera muy dura y buena como leña. Me gustaría que se pudiera complementar la información de los guías con un botánico conocedor de las plantas de la región, ya que a veces los nombres no son únicos y es difícil identificar una especie sin la descripción adecuada.

Igualmente, me parece que Víctor conoce bastante de la zona, y tiene más experiencia que Jimmy. Santiago fue un guía muy responsable, encargándose de asegurar que el programa se cumplía y de resolver cualquier problema que surgió. También me gustaría haber podido aprender un poco más sobre los indígenas de la zona de Heliconia, sobre todo de quienes se habían tomado las cerbatanas y canastillos que hacían la decoración del comedor.

Esteban Pombo
Bogotá, 30/Jul/07




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